sábado 19 de mayo de 2007

Introducción al devocionario


INTRODUCCIÓN

La finalidad de este peqeuño devocionario es introducirnos, progresivamente, en el misterio amoroso de Dios con el hombre, realizado en Jesús. Y hacia María que fue fiel a la acción del Espíritu. Que se dejó orientar y guiar por el designio divino de Dios. A la alegría que tuvo durante su vida terrena, se adhirió, ya desde la profecía del viejo Simeón, el dolor y sufrimiento que le iba a acompañar en su caminar. Toda esta realidad, ella, la asumió con fe esperanza y caridad. Y al igual que su Hijo, desembocó en la luz, es decir, en la gracia plena de Dios Padre.

El ir profundizando, paulatinamente, en el misterio de la Pasión de Cristo es fundamental y esencial, ya que, de allí bebemos nuestro ser pasionista. Es así, que ayudados de las practicas de piedad, centradas específicamente en la Pasión de Cristo deben considerarse como medios, no como fines en si mismas, para ir configurando nuestro ser con el ser de Cristo crucificado, del que también proclamamos que ha resucitado.

Conociendo el valor actual de las devociones
Después del Concilio Vaticano II las devociones se han debatido ampliamente llegando a perder su brillo en cierta medida, como la fuente primera e indispensable del espíritu Cristiano como lo señaló el Papa Pío X en 1903. Si embargo, ante este hecho, ha sido la misma vida de la Iglesia la que ha reclamado la recuperación de las formas religiosas tradicionales. Ya que ellas han sido y siguen siendo es sostén de la fe del pueblo cristiano.
Es necesario conocer y saber distinguir entre la liturgia y las devociones como dos formas de culto. La primera es el culto público-oficial, entra en el campo de lo obligatorio. En cambio, la segunda forma de culto es privado y goza siempre de mayor autonomía y espontaneidad. En ambos se deben reconocer el elemento objetivo: “El misterio o la acción de Dios” y el elemento subjetivo, es decir: “La actitud del hombre o recta disposición del alma”. Ambas formas de culto están profundamente unidas entre sí, aunque en la praxis, estén separadas.

En el transcurso de la historia del cristianismo, siempre han existido al lado de las acciones litúrgicas, devociones privadas y ejercicios piadosos.
Vemos ya, claramente, en las primeras comunidades cristianas que están fuertemente marcadas por la oración persona y la participación en las asambleas litúrgicas. Las manifestaciones personales tenían su término, comúnmente, en la celebración eucarística dominical. De esta manera, la liturgia dominical encontraba prolongación en la plegaria individual y al reverso.
Posteriormente, se van dando forma las prácticas devocionales. A partir del siglo V empiezan a florecer: el culto a los mártires, la dedicación de tempos a la Madre de Dios, recuerdos determinados sobre la pasión de Cristo.

Hasta el siglo XIV no se produjo ningún dualismo entre ambas formas de culto. La lengua latina fue la que mantuvo la unidad entre ambas. Sin embargo, a partir de este siglo, empiezan a surgir las lenguas llamadas romances o germánicas. Este acontecimiento dividió, decididamente, a ambas formas de piedad. La liturgia aquí aparece como tarea exclusiva de clérigos y monjes.
La situación se salvó gracias a las órdenes mendicantes que lograron en gran medida una cristianización del mundo popular. Surgieron devociones como: la devoción del niño Jesús, la contemplación de la pasión, la mística de los estigmas, también el rezo del rosario. La virgen María es vista como abogada autora de favores y los santos son venerados como patronos e intercesores de bienes de todo tipo. Estas devociones nacieron y se desarrollaron como consecuencia de la pérdida de valor y de eficacia de la liturgia en la vida espiritual. Por eso, durante la historia de la Iglesia, se suscitaron diferentes polémicas sobre las devociones y la liturgia. Pero que la Iglesia ha sabido conducir con sabiduría y espíritu a ambas formas de culto. Se puede decir que: “El dualismo cultual es un hecho en la vida de la Iglesia y su legitimidad viene avalada por el mismo curso de la historia del culto cristiano. Es preciso estar atentos, sobre todo a la acción del Espíritu, que sopla donde quiere (Cf. Jn 3, 8)

La Constitución Sacrosantum Concilium (SC), del Vaticano II, se ocupa en dos números de estos ejercicios de piedad. Además de algunas alusiones en otros lugares del mismo. Introduce elementos nuevos de enfoque y comprensión entre liturgia y devociones. Señala que: “los ejercicios de piedad, aunque distintos de las acciones litúrgicas, tienen idéntica finalidad santificadora de toda la existencia de los creyentes”. Los ejercicios de piedad aparecen como prolongación de las celebraciones en cuanto a las actitudes de fe, alabanza, súplica, etc.

La enseñanza del Concilio, en concreto, sobre liturgia y devociones se resume en los siguientes puntos:

1. Reconocimiento de la variedad y legitimidad de las formas religiosas de acuerdo con las peculiaridades de cada pueblo. (Cf. SC 37 y 38; GS 53 y 58; AG 10).

2. Reconocimiento de valor de las formas devocionales.
El Concilio Vaticano II consciente de que la liturgia, aunque es culminación y fuente (Cf. SC 10) no agota toda la actividad de la Iglesia (Cf. SC: 9 y 12). Por eso se recomienda encarecidamente los ejercicios de piedad del pueblo cristiano (Cf. SC 13).

3. Centralidad del misterio de Cristo en la espiritualidad cristiana. (Cf. LG 10; SC 2 y 10).

4. Los ejercicios de piedad deben guardar estrecha relación con la liturgia. (Cf. SC 11, 12, 13).

En la práctica, la relación entre la liturgia y los ejercicios de piedad requiero que estos se organicen teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo deriven de ella.
La Constitución SC no menciona ninguna práctica piadosa en concreto. Sin embargo otros documentos conciliares mencionan varios medios para fomentar la vida espiritual: PO 18; OT 8; PC 6; AA 4 y, sobre todo LG 10 y 11)

Además, después de haber visto rápidamente la Constitución SC respecto a la liturgia y a las devociones, veremos escuetamente algunos puntos que señala el documento del magisterio: “Marialis Cultus” (MC), que está en línea a orientar específicamente entre liturgia y devociones.


El Papa Pablo VI señala cuatro características teológicas, que son inherentes a todo acto cultual, sea o no litúrgico. Son las siguientes:

1. Nota Trinitaria.
Toda forma de culto o devoción debe confluir en Cristo, se centre en su persona y, por medio de él, termine en le Padre bajo la acción del Espíritu Santo (Cf. Cl 1, 15-20).

2. Nota Cristológica. En la piedad mariana hay una íntima conexión de la virgen María con Cristo.
También en las otras devociones deben poseer necesariamente esta nota cristológica, es decir, deben nacer y desembocar en Cristo.

3. Nota Pneumatológica.
Se trata de destacar la acción santificadora y vivificante del Espíritu Santo.

4. Nota Eclesiológica.
Centrémonos solo en la piedad mariana del rosario. Aquí apunta al puesto y al papel que tiene María respecto de la Comunidad cristiana “el más alto y ala vez el más próximo después de Cristo” (Cf. LG 54). De aquí se derivan unas relaciones de amor, intercesión y de comunión entre la Iglesia y la que es su imagen escatológica (Cf. 59 y 63)

La MC, además de estas cuatro características de todo acto cultual, expone algunas orientaciones a tener presente a la ora de revisar o crear ejercicios y prácticas de piedad (MC 29). Son las siguientes: 1. Orientación Bíblica. Toda forma de culto ha de llevar el sello de la inspiración en la Biblia como base de la espiritualidad cristiana (Cf. DV 25; SC 24; 35). 2. Orientación litúrgica. Significa llevar a la práctica de manera armoniosa la liturgia y los ejercicios de piedad. (SC 13), sin suprimir éstos en nombre de la liturgia. Una clara acción pastoral debe distinguir y subrayar la naturaleza propia de los actos litúrgicos y valorar los ejercicios piadosos para adaptarlos a las necesidades de cada comunidad eclesial y hacerlos auxiliares válidos de la liturgia (MC 31).

Orientación ecuménica.
Supone contemplar la contribución que la piedad mariana puede prestar al camino del ecumenismo. Esta piedad debe favorece verdaderamente a la causa de la unidad.
Después de haber descrito someramente algunas características y orientaciones, que nos han permitido entender la liturgia y las devociones que son fuente para el crecimiento de la vida espiritual del cristiano. Y Habiendo visto el proceso de las devociones en la historia y lo que señalan algunos documentos de la Iglesia, se puede afirmar: los ejercicios de piedad, ya celebrados comunitariamente o individualmente, celebran el misterio de Cristo, de María y de los santos generalmente con fórmulas bíblicas o litúrgicas.

Entre los ejercicios de piedad deben enumerarse sin duda: el vía crucis, la oración del ángelus, las letanías a la Virgen, el santo rosario, también otras oraciones devocionales y ejercicios en honor a la pasión de Cristo y a los santos. También el santísimo sacramento fuera de la misa, aunque tiene un especial estatuto litúrgico y un ritual promulgado durante la reforma litúrgica posconciliar, que hacen que este culto, no sea equiparado a un ejercicio de piedad cuando se realizan según las normas contenidas en tal libro litúrgico.

Para concluir: el pequeño folleto de prácticas de piedad está dividido en cuatro capítulos. La primera parte está conformada por las oraciones que todo cristiano debe tener presente. La segunda parte se ha centrado, concretamente, en algunas devociones sobre la Pasión de Cristo. La tercera parte está dedicado a las devociones a la virgen María. Y por último, frases de san Pablo de la cruz y jaculatorias que permitan estar y ser en la presencia del Señor.

El folleto se presenta como un material útil, como guía, que ayudará a vivir más profundamente la obra más admirable del amor divino, que es la Pasión de Cristo. Y asimilar en la propia vida el amor y la misericordia de Dios para con sus hijos y así luego poder irradiarla a los demás.
Que la Pasión de Cristo sea la energía de la gracia salvadora que llene nuestra vida y que el espíritu de nuestro padre San Pablo de la Cruz nos ilumine y conduzca siempre a meditar y contemplar a Cristo Crucificado.

Cf. De Sacra Communione et de cultu mysterii eucharistici extra missam, Roma 1973. Ed. Castellana: Ritual de la Sagrada Comunión y del culto a la eucaristia fuera de la misa, Madrid 1974.

Oraciones básicas del cristiano


ORACIONES BÁSICAS DEL
CRISTIANO


La Señal de la Cruz

Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padrenuestro

Padre Nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Avemaría

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Trisagio trinitario

Santo Dios, Santo fuerte, santo inmortal, líbranos, Señor, de todo mal. (Tres veces)

Invocación al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo,
Llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
S. Envía tu Espíritu, Señor.
R. Y renueva la faz de la tierra.

Oración:

¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo! Haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por J.C.N.S. Amén.

Credo
Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; creo en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor: que fue concebido por y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen, padeció gajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos;subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir ha juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Yo confieso
Yo confieso ante Dios Todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho de pensamiento,
palabra, obra y omisión:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor Todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la viuda eterna.
R. Amén.

Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar y apartarme de todas las ocasiones de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta.
Te ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Y así como te lo suplico, así confío en tu divina bondad, misericordia infinita, me perdones por los méritos de tu preciosísima sangre, pasión y muerte, y me des gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Salve
¡Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra! ¡Dios te salve! A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora. Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordioso; y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de ti vientre, ¡oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

S. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesa de N.S.J.C. Amén.

El Angelus y el Regina Coeli


El Angelus y el Regina Coeli


Ángelus

P. El Ángel del Señor anunció a María,
R. y concibió por obra del Espíritu Santo.
(Avemaría)

P. He aquí la esclava del Señor:
R. hágase en mí según tu Palabra.
(Avemaría)

P. Y el verbo de Dios se hizo hombre,
R. y habitó entre nosotros.
(Avemaría)

P. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
R. para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Jesucristo.

Oración
Derrama, Señor, tu gracia en nuestros corazones,
para que, los que hemos conocido, por el anuncio
del ángel, el misterio de la encarnación de tu Hijo,
su Pasión y su Cruz, lleguemos a la gloria de la
Resurrección. Por J.C.N.S. Amén.

Regina Caeli

Regina caeli laetare, alellúia:
Quia quem meruisti portare, alellúia:
Resurexit, sicut dixit, lellúia :
Ora pro nobis Deum, alellúia

V. Gáude et laetáre, Virgo María, allelúia
R. Quia surréxit Dóminus vere, allelúia.

Oremus:
Deus, qui per resurrectiónem Fílii tui Domini
nostri Iesu Christi mundum laetificáre digantus est:
praesta, quáesumus; ut per ejus Genitricem
Vírginem Maríam perpétuae capiámus gáudia vitae.
Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. Amén.

Oraciones


I. Oración por la paz del mundo

Señor,
Hazme un instrumento de tu paz:
donde haya odio,
ponga yo amor,
donde haya ofensa,
ponga yo perdón,
donde hay discordia,
ponga yo armonía,
donde haya error,
porga yo verdad,
donde haya duda,
ponga yo la fe
donde haya desesperación,
ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas,
ponga yo la luz,
donde haya tristeza,
ponga yo alegría.

Oh Señor,
que no me empeñe tanto en ser

consolado como en consolar,
en ser amado, como en amar;
porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
muriendo se resucita a la vida.
(San Francisco de Asís)


II. Adoración al Santísimo Sacramento

Adorad postrados – este sacramento.
Cese el viejo rito – se establece el nuevo.
Dudan los sentidos – y el entendimiento:
Que la fe lo supla – con asentimiento.

Himnos de alabanza – bendición y obsequio,
Por igual la gloria – el poder y el reino,
Al eterno Padre – con el Hijo eterno
Y el divino Espíritu – que procede de ellos. Amén.

Antífona:

¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra

comida, se celebra el memorial de su Pasión,

el alma se llena de gracia y se nos da una

prenda de la gloria futura!
P. Les diste, Señor, pan del cielo.
R. Que contiene en sí todo deleite.

Oración
Oh Dios, que en este sacramento
admirable nos dejaste el memorial
de tu Pasión: te pedimos nos
concedas venerar de tal modo
los sagrados misterios de tu
Cuerpo y de tu Sangre, que
experimentemos constantemente
en nosotros el fruto de tu redención.
Tú, que vives y reinas por los siglos
de los siglos. Amén.

III. Bendito se Dios
Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima sangre.
Bendito sea Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
Bendita sea la gran Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su santa e inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén.

IV. Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén

Vía crucis de San Pablo de la Cruz


VÍA CRUCIS DE SAN PABLO DE LA CRUZ

Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.
Que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

o bien

Que la Pasión de Cristo
Esté siempre grabada en nuestros corazones.
(se repite al inicio de cada estación)

V. Señor pequé.
R. Ten misericordia de mí, graba en mí tierna Madre las llagas de tu Hijo amado por mi amor crucificado.
(El Padre nuestro, Avemaría, gloria y la jaculatoria se repiten al final de cada estación)

INTRODUCCIÓN
El vía crucis es recordar con amor y agradecimiento infinitos lo mucho que Jesús sufrió por salvarnos del pecado.
En Jesús hallaremos sentido y fortaleza para nuestras vidas y para poder ayudar como buenos cirineos al hermano. Por eso es importante centrarse, vaciarse de todo lo externo para poder sumergirse en este mar inmenso de amor de la Pasión de Cristo.
Y el camino de la cruz es la senda que lleva al paraíso y la vía segura para la santidad. La Pasión de Jesús la obra más grande y admirable del amor divino (San P. de la cruz)

I. ESTACIÓN : Jesús, condenado a muerte

“Los sumos sacerdotes y ancianos persuadieron a la multitud para que escogiesen a Barrabás y se hiciera morir a Jesús... Pilato, después de haber hecho azotar a Jesús, se los entregó a los soldados para que lo crucificaran.” (Mt 27, 20-26)

Reflexión:

Hay que aceptar libremente la cruz de las tribulaciones, al menos en la parte más íntima del espíritu, como Jesús aceptó la condenación a muerte, en perfecta sintonía con al voluntad del Padre (San P. de la Cruz)

II. ESTACIÓN: Jesús recibe la cruz

“Después de haberse burlado de él, le quitaron la capa, le devolvieron sus vestidos y lo sacaron afuera para crucificarlo.” (Mt 27, 31)

Reflexión:

Afortunadas verdaderamente las almas que entran por el camino del calvario y siguen a Jesús el redentor; pues si ahora sufrimos con Cristo, reinaremos con Cristo en la gloria del Padre. (San P. de la Cruz)

III. ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez bajo la cruz

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir conmigo, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la entregue por mi causa, la conservará.” (Mt 16, 24-25)

Reflexión:

Vengan y vean cuántas injurias, cuántas penas sufre el Salvador bajo el peso de la cruz por amor nuestro; contemplen cómo sufre por nosotros el Hijo de Dios, el redentor del mundo. Oh Jesús, en tus llagas puedo leer la gravedad de mis culpas...Señor, perdóname. (San P. de la Cruz)

IV. ESTACIÓN: Jesús se encuentra con su madre

“Simeón bendijo a María, su madre y el dijo: Él está para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y será señal de contradicción, a fin de que se manifieste los secretos de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma.” (Lc 2, 34-35)

Reflexión:

La Madre Dolorosa busca a su Hijo Jesús, lo encuentra en el camino que lleva al calvario, y lo contempla atado, con una corona de espinas, con la cruz sobre sus hombros...Oh Reina de los mártires, también nosotros somos los causantes del dolor que traspasa como una espada tu alma santísima. (San P. de la Cruz)

V. ESTACIÓN: Jesús recibe la ayuda de Simón el Cirineo para llevar la cruz

“A la que salían encontraron a un hombre de Cirene, conocido por Simón, al que obligaron a llevar la cruz.” (Mt 27, 32)

Reflexión:

Los que soportan tribulaciones, enfermedades, persecuciones, desprecios por amor de Dios, ayudan a Jesucristo a llevar la cruz, y, si perseveran hasta el fin, en el cielo participarán de su gloria.”


VI. ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús

“Por ti he sufrido insultos y la vergüenza me cubre el rostro; soy un extraño para mis propios hermanos y un forastero hasta para los hijos de mi madre.” (Sal 68, 8-9)

Reflexión:

La memoria de la Pasión Santísima de Jesucristo es la puerta que conduce a nuestras lamas hacia la unión íntima con Dios...Hay que grabarla en nuestros corazones, dejarse penetrar por sus penas amarguísimas, pues por este camino se enciende en nosotros el amor de Dios. (San P. de la cruz)

VII. ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

“Vengan a mí todos los que se sientan cansados y oprimidos, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus lamas. Pues de hecho mi yugo es suave, y ligera mi carga.” (Mt 11, 28-30)

Reflexión:

No pocos fieles viven olvidados de todo lo que ha hecho y sufrido Jesucristo, nuestra vida; por eso permanecen dormidos en la noche de la iniquidad. (San P. de la cruz)

VIII. ESTACIÓN: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

“Le seguía un gran multitud del pueblo y mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.” (Lc 23, 27)

Reflexión:

El medio más eficaz para convertir a la almas, por muy perdidas que estén, es siempre la Pasión santísima de Jesucristo: la meditación de estas penas del Salvador tiene fuerza para erradicar los vicios y consolidar la vida de las almas en el santo amor y temor de Dios. (San P. de la Cruz)

IX. ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

“Yo soy el buen pastor... y doy la vida por mis ovejas...Nadie me quita la vida: la ofrezco yo por mi propia iniciativa, pues tengo poder de entregarla e igualmente poder de recuperarla.” (Jn 10, 14-18)

Reflexión:

Estemos tranquilos y alegres cuando vivimos en aflicción y la cruz pesa sobre nuestros hombros, pues si en aquellos momentos vivimos y sufrimos con paciencia de Cristo, comenzaremos a ser sus discípulos. Mientras tanto prosigamos por el camino emprendido, yendo detrás de Jesús hasta el calvario. (San P. de la Cruz)

X. ESTACIÓN: Jesús, despojado de sus vestidos

“Los soldados se repartieron los vestidos de Jesús a suerte.” (Mt 27, 35)

Reflexión:

Ya en la cima del Calvario, Jesús se deja desnudar. Y así nos enseña a renunciar a la propia voluntad cuando no está de acuerdo con la voluntad del Padre; nos invita a despojarnos de los afectos mundanos y de amor desordenado hacia las cosas terrenas, para que podamos revestirnos de Cristo y sus virtudes. (San P. de la Cruz)

XI. ESTACIÓN: Jesús, clavado en la cruz

“Llegados al lugar llamado del Calvario, le dieron a beber vino con vinagre; él lo probó, pero no quiso beberlo. Lo crucificaron, y junto con él a dos ladrones, uno a la derecha u otro a la izquierda.” (Mt 27, 33-38)

Reflexión:

Nosotros no debemos gloriarnos en otra cosa que en estar crucificado con Jesús y llevar su llagas incluso en nuestro cuerpo, mediante el desprendimiento de la criaturas par a vivir unidas la creador..., con los sacrificios que nos reclama el cumplimiento del deber diario. (San P. de la cruz)

XII. ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

“Desde el mediodía hasta las tres de la tarde sobrevinieron tinieblas sobre toda la tierra. Hacia las tres, Jesús exclamó con voz potente: “Elí, Elí, lamá sabactaní”, que significa “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Y, dando un fuerte grito, expiró. (Mt 27, 45-50)

Reflexión:

Jesús ha muerto para darnos vida; todas criatura manifiestan dolor: el sol se oscurece, tiembla la tierra, las piedras se despedazan, el velo del templo se rasga; ¿ y solo nuestro corazón permanecerá duro como una roca?...Señor, te damos gracias por haber muerto en la cruz por nuestros pecados. (San P. de la Cruz)

XIII. ESTACIÓN: El cuerpo de Jesús es bajado del sepulcro

“José de Arimatea tomo el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana blanca y lo depositó en una tumba nueva, que se había hecho excavar para sí en una roca; corrió la rueda que cerraba el sepulcro y marchó. (Mt 27, 67-60)

Reflexión:

Si vamos al Crucifijo, encontramos siempre a la Virgen Dolorosa, porque la madre está allí donde está el Hijo. (San P. de la Cruz)

XIV. ESTACIÓN: Jesús sepultado

“Al día siguiente de la Parasceve (preparación para la Pascua) se reunieron lo sumos sacerdotes y os fariseos con Pilato, y le dijeron: Señor, nos hemos recordado que ese impostor cuando estaba en vida dijo: “Resucitaré al tercer día”. Manda, pues, que el sepulcro esté vigilado hasta el tercer día...Pilato les dijo: Ustedes disponen de guardia propia; vayan y vigilen como lo crean mejor. Y ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellaron la piedra y pusieron vigilancia.” (Mt 27, 62-66)

Reflexión:

La devoción a la Pasión de Jesucristo es el camino más seguro para salvarse. El Crucifijo es un libro en el que se aprenden todas las virtudes, se adquiere la ciencia de los santos y se encuentra todo. (San P. de la Cruz)

Oración final:

Señor Dios nuestro, Tú has querido que fuésemos bautizados en la muerte de tu Hijo Jesucristo, nuestro Salvador: concédenos un arrepentimiento sincero, a fin de que, atravesando con Él la muerte, renazcamos a la alegría de una vida nueva. Te lo pedimos por medio de Aquel que ha muerto, ha sido sepultado y ha resucitado por nosotros, Jesucristo nuestro Señor. Amén



VÍA CRUCIS BÍBLICO


VÍA CRUCIS BÍBLICO

Introducción:
El presente vía crucis mantiene el carácter tradicional del mismo, pero enriquecido con los textos bíblicos adecuados, para que en cada estación pueda leerse detenidamente el correspondiente pasaje bíblico seguido de un silencio contemplativo, que puede concluir con una reflexión espiritual.
El mejor modo de rezarlo será siempre la contemplación de la Palabra de Dios, que nos introduce directamente en el misterio. Así, tanto si se hace comunitariamente o en solitario, el vía crucis estará en plena conexión con la proclamación de la Palabra de Dios, permitiendo de adentrarse y penetrar la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
El hijo de Dios se había hecho hombre y, por tanto, también pasible y mortal. Pero además de esto, que es inherente a su condición de hombre, Jesús quiso sufrir la pasión y la muerte en la cruz por los pecados del mundo y en particular por cada uno de los nuestros. Pues no hay que olvidar lo que dice San Pedro: “ Cristo murió por los pecados (1Pe 3, 18)
Cristo quiso sufrir y morir por el pecado, por los pecados, ya que Jesús por ser Dios es contemporáneo de todos los hombres de todos los tiempos. Y en este tiempo nos encontramos caminado como Cristo hacia el Calvario. Camino nada fácil, lleno de angustia, desesperación, tristeza, aflicción; sin embrago, nuestra confianza debe estar puesta firmemente en Aquel que ha vencido al mundo y nos ofrece la alegría Pascual con su gloriosa resurrección. Nuestra mirada debe estar dirigida hacia Cristo crucificado, en donde encontramos Todo, como dice San Pablo de la Cruz. Allí está nuestra esperanza de una vida nueva y santa, de un mundo transformado lleno del Espíritu Santo, capaz de orientarse hacia la plenitud que ofrece el Señor.
Debemos transformar nuestro peregrinar doloroso, en un peregrinar a pesar de... en amor, lleno de fe esperanza y caridad.

Oración:
Señor, queremos acompañarte en el camino que Tú anduviste con la Cruz. Concédenos tener tus mismos pensamientos para que, crucificados contigo por la negación de nuestro egoísmo, se actualice en nosotros tu resurrección. Amén.

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús en el huerto de Getsemaní
Y salió Jesús como de costumbre al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: Oren, para no caer en la tentación. Él se alejó de ellos como a un tiro de piedra y arrodillado, oraba diciendo: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba. En medio de su angustia oraba con más insistencia, y le baja el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos, y les dijo: “¿Por qué duermen? Levántense y oren para no caer en la tentación.” (Lc 22, 39-46; Mt 26, 36-46; Mc 14, 34-42)

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús, traicionado por Judas, es arrestado
Todavía estaba hablando, cuando aparece gente: y los guiaba el llamado Judas, uno de los doce. Y se acercó a besar as Jesús. Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso entregas al hijo del hombre?”
Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos que habían venido contra él: “¿han salido con espadas y palos como a caza de un bandido? A diario estaba en el templo con ustedes, y no me echaron mano. Pero esta es su hora: la del poder de las tinieblas.” Ellos lo prendieron, se lo llevaron, y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. (Lc 22, 47-52-54ª; Mt 26, 47-56;Mc 14, 43-50; Jn 18, 3-12)

TERCERA ESTACIÓN
Jesús es condenado por el Sanedrín
Los que detuvieron a Jesús, lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los letrados y senadores. Pedro los seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte, y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían : “Este ha dicho: Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo entres días.”

El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: “¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?”
Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: “Te conjuro por Dios vivo a que no digas si tú eres el Mesías, el hijo de Dios.”
Jesús respondió: “Tú lo has dicho. Más aún, yo les digo: Desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y que vive sobre las nubes del cielo.”
Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: “Ha blasfemado.” Ellos contestaron: “Es reo de muerte”. Entonces le escupieron en la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo: “haz de profeta, Mesías; dinos, ¿quién te ha pegado?”
(Mt 26, 57-67; Mc 14, 53-65;Lc 22, 54-55.63-71; Jn 18, 12-14.19-24)

CUARTA ESTACIÓN
Jesús es negado por Pedro
Pedro estaba asentado fuera, en el patio, y se le acercó una criada y le dijo: “También tú andabas con Jesús el Galileo”. Él lo negó delante de todos, diciendo: “No sé que quieres decir”. Y al salir al portal lo vio otra vez, y dijo a los que estaban allí: “Este andaba con Jesús el Nazareno”. Otra vez lo negó él, con juramento: “No conozco a ese hombre”. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: “Seguro: tú también eres de ellos, se nota en el acento”. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo: “No conozco a ese hombre”. Y enseguida canto un gallo.
Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: “Antes de que cate el gallo, me negarás tres veces”. Y, saliendo afuera, lloró amargamente.
(Mt 26, 69-75; Mc 14, 66-72; Lc 22, 56-62; Jn18, 15-18.25-27)

QUINTA ESTACIÓN
Jesús es juzgado por Pilato
El senado del pueblo, o sea, lo sumo sacerdotes y letrados, se levantaron y llevaron a Jesús en presencia de Pilato. Y se pusieron a acusarle diciendo:” Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías Rey”.
Pilato preguntó a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Él contestó: “Tú lo dices”.
Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: “No encuentro ninguna culpa en este hombre”.
Ellos insistían con más fuerza: “Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea; desde Galilea hasta aquí”.
Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió.
(Lc 23, 1-6; Mt 27, 1-2.11-25; Mc 15, 1-14; Jn 16,28-40)

SEXTA ESTACIÓN
Jesús es flagelado y coronado de espinas
Entonces, Pilato tomó a Jesús y lo mandó a azotar. Y lo soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían: “¡Salve, rey de los judíos!”. Y le daban bofetadas.
(Jn 19, 1-3; Mt 27, 26-30; Mc 15, 16-19; Lc 23,25)


SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz
Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él. Cargado con la cruz, salió al sitio llamado del calavera (que en hebreo se dice Gólgota)
(Jn 19, 16-17; Mt 27, 31; Mc 15, 22)

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús es ayudado a llevar al Cirineo a llevar la cruz
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús.
(Lc 23,26; Mt 27, 32-33; Mc15,21)

NOVENA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
Seguía a Jesús un gran gentío del pueblo y de mujeres, que se daban golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “ Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren por ustedes y por sus hijos, porque llegará el día en que dirán: Dichosas las estériles los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado. Entonces empezaran a decir a los montes: caigan sobre nosotros. Y las colinas: sepúltennos; porque si así tratan al leño verde, ¿qué parará con el seco?”
(Lc 23, 27-31)

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es crucificado
Y llevaron a Jesús al Gólgota y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte. Para ver lo que se llevaba cada uno.
Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de acusación estaba escrito: “El Rey de los Judíos”. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha u otro a su izquierda; así se cumplió la escritura que dice: “Lo consideraron como a un malhechor.
(Mc 15, 22-28; Mt 27, 34-39; Lc 23, 33-38; Jn 19, 18-22)

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús promete su reino al ladrón arrepentido
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: “”¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”.
Pero el otro le increpaba diciendo: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, este, no ha faltado en nada”.
Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.
Jesús le respondió: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”.
(Lc 23, 39-43; Mt 27,44; Mc 15, 32b)


DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús en la cruz, su madre y su discípulo
Junto a la cruz de Jesús están su Madre, la hermana de su madre María de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí, tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. (Jn 19, 25-27)


DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz
Al mediodía, toda la región quedó sumida en tinieblas hasta las tres. Y a las tres, gritó Jesús con fuerte voz: “Eloí, Eloí, lema sabaktaní”. Que quiere decir: ”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Algunos de los presentes, decían al oírle: “Mira, llama a Elías”. Uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola en un caña, le ofrecía de beber, diciendo:” déjenle, veamos si viene Elías a descolgarle”.
Pero Jesús, lanzando un fuerte grito espiró.
(Mc 15, 33-37; Mt 27, 50-56; Lc 23, 44-49; Jn 19, 28-30)


DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es colocado en el sepulcro
Al anochecer, como era el día d e la preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto. Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en el sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María, la madre de José, observaban dónde lo ponían.
(Mc15, 42-47; Mt, 27, 57-66; Lc 23, 50-56; Jn 19, 38-42)

DECIMOQUINTA ESTACIÓN
Jesús resucita al tercer día
En la madrugada del sábado, al alborear le primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver al sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve. Lo centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres y les dijo: “No teman: ya sé que están buscando a Jesús, el crucificado. Pero ya no está aquí; ha resucitado como lo había dicho. Vengan y vean el sitio donde yacía y vayan a toda prisa a decir a sus discípulos: ha resucitado de entre los muertos irles precede a Galilea. Allí lo verán”.
Ellas, abandonando a toda prisa el sepulcro, impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

Oración final

Oh Dios, que haz redimido a todos los hombres con la sangre preciosa de Hijo unigénito, conserva en nosotros la acción de tu misericordia para que, celebrando siempre el misterio de nuestra salvación, podamos conseguir sus frutos eternos. Por. J.C.N.S. Amén

VÍA CRUCIS de un Crucificado


VÍA CRUCIS de un Crucificado

Introducción:
El Vía crucis es un ejercicio piadoso de profundo arraigo en el pueblo cristiano. Ante todo nos recuerda vivamente la Pasión de Cristo. Pasión de amor incondicional, llena de entrega sin igual. El Dios hecho hombre, Jesús, acoge, asume en sí, todos nuestros pecados. Por eso, dice el apóstol Pablo: El Hijo de Dios se hizo pecado para rescatar al hombre del mal, del mismo pecado.
El Vía crucis también nos ayuda a meditar a todos los que están unidos a la cruz de Cristo, como son; los enfermos, los pobres, los marginados, las diversas enfermedades: sida, cáncer, etc.; las guerras, el hambre, las injusticias, la muerte. En fin, infinidad de cruces que podemos encontrar en la humanidad.

Por eso, nos disponemos a acompañar con sentimientos de gratitud y esperanza a Jesús, que le han condenado a muerte. Vamos a recorrer el camino que él recorrió, animados de fe, esperanza y caridad.
Jesús, que en los infinitos sufrimientos soportaste para nuestra salvación, nos revelaste tu amor hacia tu Padre, que es también nuestro Padre, y tu amor hacia nosotros. ¡Gracias, Jesús!
Danos fuerzas para aceptar, como tú aceptaste la voluntad del Padre celestial, la cruz. Para verla como un medio de salvación, de camino hacia la gloria, hacia Dios.
Señor, no te queremos pedir que hagas livianas y llevaderas nuestras cruces; si no te pedimos fuerzas para poder cargarlas. Ayúdanos a ser humildes y dóciles a la voluntad de Dios para acoger con amor las adversidades de cada día, nuestras cruces, y acogiéndolas podamos ser buenos cirineos para los demás crucificados.

Jaculatoria:
Señor, ten misericordia de mí,
graba en mí, tierna Madre, las llagas de tu hijo amado, por mi amor crucificado.

1. Primera estación
JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones

Oración:
Señor, en este momento de tu Pasión te alejas de tus amigos para orar, caes al suelo rostro en tierra; sientes angustia, tristeza, pavor. Tu dolor es interior, por eso sientes que tu espíritu se desgarra. Regresas donde tus amigos a pedir ayuda, pero los encuentras dormidos y tu desesperación crece. Pero, con más insistencia, regresas a orar. No aceptas la cruz tan pasivamente, sino que luchas y la haces frente. Ayúdame, te pido, que me ayudes aceptar la cruz; no quiero resignarme a ella, si no quiero fuerzas para hacerla frente. No se si es tu voluntad, pero si sé que es una realidad en mí quiero enfrentarla y saberla llevar.
Padre Nuestro... Señor pequé...

2. Segunda estación
JESÚS TRAICIONADO POR JUDAS Y ARRESTADO
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, ya es muy tarde la noche y el poder de las tinieblas empieza a reinar, pues tu hora ha llegado. Tu amigo de confianza, Judas, te traiciona, los otros corren y te abandonan. Tú también puedes correr, pero no lo haces. Pues, tú dijiste que me ambas, y ahora me demuestras que eso es verdad. Me amas tanto que no te importa poner en riesgo tu vida para confirmarlo. Aunque los otros te traicionan, tú permaneces fiel. Aunque los otros te abandonan tú te quedas ahí, firme.
Padre Nuestro... Señor pequé...


3. Tercera estación
JESÚS ES CONDENADO POR EL SENEDRIN
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones

Oración:
Señor, en tu vida pública nos ensañaste a amar, incluso al enemigo. Nos predicaste sobre el Reino de los Cielos que es justicia y paz. Y ahora los “tuyos” utilizan todo eso para acusarte y condenarte. Buscan testigos falsos para hablar en tu contra Y finalmente te condenan a muerte porque les dijiste que tú eras el “Hijo de Dios” ¡Oh Dios mío! A ti que eres el más justo e inocente te condenan a muerte, sólo por hacer el bien.
Padre Nuestro... Señor pequé...

4. Cuarta estación
JESÚS ES NEGADO POR PEDRO
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, en el mejor momento Pedro te prometió fidelidad a costa de su vida. Pero antes de que el gallo cante dos veces, el ya te ha negado tres. Lo que más le duele a Pedro no es el haberte fallado; sino que, a pesar de eso, tú te vuelves a mirarlo y en tu mirada no encuentra reproche, sino amor y ternura. ¡Oh Dios mío! Qué hermoso es perdonar como tú. Pero yo solo soy una simple criatura tuya, fruto maravilloso de tu amor, y por eso me hace difícil aceptar que mis amigos me fallen y me nieguen. Dame esos ojos tuyos para que yo pueda mirarles como tú, con mucho amor y sin rencor.
Padre Nuestro... Señor pequé...

5. Quinta estación
JESÚS ES JUZGADO POR PILATO
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
¡Ya está! Ahora no importa si eres hijo de Dios o si has hablado en contra del Templo: el objetivo es eliminarte. Van donde Pilato a decirle que eres un revoltoso y que quieres hacerte Rey de los judíos. Pilato te interroga y te pregunta si es verdad. Tú callas y no le dices nada. Te preguntas ¿qué es la verdad? Y le respondes que tú eres la verdad. La presión de la gente crece, el ánimo se le empieza a exacerbar y por petición del pueblo, cobardemente te cambia por un salteador, a ti que eres el más justo y sin delito alguno.
Padre Nuestro... Señor pequé...

6. Sexta estación
JESÚS ES FLAGELADO Y CORONADO DE ESPINAS
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor como el peor de los delincuentes te atan a una columna, descubren tus espaldas y te empiezan a flagelar. Los látigos caen sobre tu cuerpo y, para causarte más dolor, trenzan una corona de espinas y te ponen sobre la cabeza y, para atormentarte más, te golpean con una caña. Tú que eres el Rey del universo no te merecías una corona de espinas, pero te la pusieron.
Padre Nuestro... Señor pequé...

7. Sétima estación
JESÚS CARGA CON LA CRUZ
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, así desfigurado, sin aspecto atrayente te presentan a la multitud para ver si mueves piedad; pero no. La gente con más insistencia grita: “crucifícalo”. No hay remedio, hay que quedar bien con la gente; y cobardemente, Pilato, se lava las manos por tu sangre inocente y te entrega la multitud para que seas crucificado. Y te cargan con la cruz. Cruz tan pesada. Cruz tan maldecida y despreciada. Cruz, Señor, que yo también tengo que cargar cada día. Pero como mi cruz es tu cruz y tu cruz con la mía son una sola, ya no se me hace tan pesada. Tú dijiste: “carguen con mi yugo que es más liviana y llevadera”. Quiero cargar con tu cruz, Señor. Dame fortaleza. Hazme saber que las cruces de la vida no son por gusto, sino que tienen un sentido. La tuya fue por amor a los hombres, y la mía es para que haya más unión y perdón; para que haya paz en el mundo; para que mis hermanos cada día se acerquen más a ti, por muchas otras cosas más quiero llevar mi cruz, tu cruz.
Padre Nuestro... Señor pequé...

8. Octava estación
JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRINEO
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor tus verdugos ven que esta cansado y que ya no tienes fuerzas; te han maltratado y haz derramado mucha sangre, casi ya no puedes caminar; por eso cogen a un hombre de entre la multitud para que te ayude a llevar la cruz y así puedas llegar hasta el calvario. Te mantienes en pie. No te echas atrás porque me amas y me lo demuestras yendo hacia tu martirio. No estás solo en el camino, te envían a uno para que te ayude. Gracias, Señor, porque tú me envías “Cirineos” para que me ayuden a cargar mi cruz. Cirineos que también están cansados. Cirineos que vienen a mí porque tú los envías. Cirineos a los que puedo tocar, les puedo escuchar, les puedo amar. Ese “Cirineo” en mis amigos, en mis hermanos, en los que vienen a mi lado. Gracias, Señor.
Padre Nuestro... Señor pequé...

9. Novena estación
JESÚS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, está en lo más doloroso de tu vida. Pero aún así tu corazón sigue siendo tierno y delicado para las mujeres. Tú tienes palabras de aliento para ellas. No te preocupa tu situación dolorosa, te preocupa la situación de los demás. En lugar de aceptar sus consuelos tú les consuelas a ellas.
Dame, Señor, un corazón tierno y comprensivo para que yo pueda consolar y alentar a los demás a llevar sus cruces. Dame paz y tranquilidad para que pueda irradiar armonía a mi vida y a la vida de los demás. También hoy quiero que a mí me des palabras que me motiven a seguir caminando, a seguir amándote y a seguir amando a los que me rodean.
Padre Nuestro... Señor pequé...

10. Décima estación
JESÚS ES CRUCIFICADO
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, taladran tus manos y tus pies. Estos fieros clavos traspasan tus pies y tus manos y te pegan a la cruz. Ahí estás en la cruz con los brazos abiertos, extendidos hacia el cielo, pero tus ojos están fijos en la tierra mirando a los hombres que tanto amas. Con tus manos sólo hiciste el bien y sanaste a los enfermos y ahora te las clavan. Con tus pies sólo caminaste para ir a buscar al que estaba perdido, y ahora te los clavan. Creen que así te impedirán que sigas amando y haciendo el bien. Pero no. Así crucificado tú nos estás salvando y redimiendo.
Padre Nuestro... Señor pequé...


11. Décimo primera estación
JESÚS PROMETE EL REINO AL BUEN LADRÓN
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, tú le dices al buen ladrón: “Hoy mismo estarás conmigo en le paraíso”. Estás clavado en la cruz y sin embargo, tú no te olvidas del perdón. Sigues acogiendo los corazones de los que se arrepienten, y desde la cruz me dejas la primera gran promesa del paraíso. Esta esperanza de la resurrección me lleva a seguir adelante. Dame tu corazón para que desde mi cruz yo siga perdonando y acogiendo a mis hermanos. Gracias, Señor, porque me perdonas y perdonas a mis hermanos. Gracias porque me das la certeza de que todo lo que vivo no se queda aquí, sino que después hay algo mejor, pues, con tu presencia todo se transforma.
Padre Nuestro... Señor pequé...


12. Décimo Segunda estación
JESÚS CRUCIFICADO, LA MADRE Y EL DISCÍPULO
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, en la cruz estás despojado de todo, te han quitado hasta la dignidad. El único tesoro que te queda es tu Madre. Nos la regalas para que sea nuestra Madre y protectora. Ella es para nosotros el regalo más tierno y el testamento vivo de tu amor. Tú le entregas al discípulo y yo también soy tu discípulo; por eso siento que María, tu Madre, es mi Madre, y la he traído a vivir en mi casa. Yo soy un crucificado, por eso María está siempre a mi lado, al pie de mi cruz; por eso confío en ella y la amo.
Padre Nuestro... Señor pequé...


13. Décimo tercera estación
JESÚS MUERE ENLA CRUZ
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, estás entre el cielo y la tierra. Tus brazos siguen extendidos como queriéndome abrazar. Con fuerte grito anuncias que la obra salvadora de tu Padre está cumplida, y fielmente le entregas tu espíritu con esa inquebrantable confianza que te fortaleció y te animó en el camino de la cruz; por eso pienso a veces, Señor, que tú no sufriste tanto como muchos te lo pintan, porque al que hace algo con amor no le importa el dolor. Tú me amaste desde siempre, yo estuve en tu mente cuando te condenaban, te flagelaban y te torturaban; Por eso te olvidaste de ti y lo aceptaste todo. ¡Oh Dios mío! Quiero confiar en el Padre y entregar mi espíritu en sus manos.
Padre Nuestro... Señor pequé...

14. Décimo cuarta estación
JESÚS ES DEPOSITADO EN EL SEPULCRO
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
Señor, ya no tienes nada. Estás totalmente abandonado. Estás como un despojo en la Cruz. No te vales por ti mismo, sino que otros hacen las cosas por ti. Estás a las expensas de la buena voluntad de tus amigos. Estás en la condición en la que todos tenemos miedo a estar. Pero aún así tú estás cumpliendo la misión más grande del Padre: Haz bajado por tres días al infierno para redimirnos y abrir un hoyo en la muerte para estar por ahí, y de esta manera llegar a la gloria del Padre. Tu morir, Señor, es un morir al pecado; tu morir es un morir a la muerte, pues, de allí sacarás nueva vida.
Padre Nuestro... Señor pequé...

15. Décimo quinta estación
JESÚS RESUCITA DEL SEPULCRO
Que la Pasión de Cristo esté siempre grabada en nuestros corazones.

Oración:
La piedra que tapaba tu sepulcro está separada y el interior está vació- Los lienzos están tumbados y las vendas por los suelos. ¡ Qué sorpresa! ¡Qué Alegría! ¡Resurrexit, non est hic! El que estaba muerto ahora está vivo. Señor, con tu resurrección me muestras el final de todo el camino de la Cruz. No pudo vencerte la muerte, Dios mío, tu amor es más fuerte que cualquier barrera, es más grande que todo lo existente. Nada se compara con tu amor porque tú eres el amor y, así resucitado y glorificado de manera real y concreta, tú te me ofreces en la Eucaristía. Allí te encuentras vivo y actuante.
Padre Nuestro... Señor pequé.