
INTRODUCCIÓN
La finalidad de este peqeuño devocionario es introducirnos, progresivamente, en el misterio amoroso de Dios con el hombre, realizado en Jesús. Y hacia María que fue fiel a la acción del Espíritu. Que se dejó orientar y guiar por el designio divino de Dios. A la alegría que tuvo durante su vida terrena, se adhirió, ya desde la profecía del viejo Simeón, el dolor y sufrimiento que le iba a acompañar en su caminar. Toda esta realidad, ella, la asumió con fe esperanza y caridad. Y al igual que su Hijo, desembocó en la luz, es decir, en la gracia plena de Dios Padre.
La finalidad de este peqeuño devocionario es introducirnos, progresivamente, en el misterio amoroso de Dios con el hombre, realizado en Jesús. Y hacia María que fue fiel a la acción del Espíritu. Que se dejó orientar y guiar por el designio divino de Dios. A la alegría que tuvo durante su vida terrena, se adhirió, ya desde la profecía del viejo Simeón, el dolor y sufrimiento que le iba a acompañar en su caminar. Toda esta realidad, ella, la asumió con fe esperanza y caridad. Y al igual que su Hijo, desembocó en la luz, es decir, en la gracia plena de Dios Padre.
El ir profundizando, paulatinamente, en el misterio de la Pasión de Cristo es fundamental y esencial, ya que, de allí bebemos nuestro ser pasionista. Es así, que ayudados de las practicas de piedad, centradas específicamente en la Pasión de Cristo deben considerarse como medios, no como fines en si mismas, para ir configurando nuestro ser con el ser de Cristo crucificado, del que también proclamamos que ha resucitado.
Conociendo el valor actual de las devociones
Después del Concilio Vaticano II las devociones se han debatido ampliamente llegando a perder su brillo en cierta medida, como la fuente primera e indispensable del espíritu Cristiano como lo señaló el Papa Pío X en 1903. Si embargo, ante este hecho, ha sido la misma vida de la Iglesia la que ha reclamado la recuperación de las formas religiosas tradicionales. Ya que ellas han sido y siguen siendo es sostén de la fe del pueblo cristiano.
Es necesario conocer y saber distinguir entre la liturgia y las devociones como dos formas de culto. La primera es el culto público-oficial, entra en el campo de lo obligatorio. En cambio, la segunda forma de culto es privado y goza siempre de mayor autonomía y espontaneidad. En ambos se deben reconocer el elemento objetivo: “El misterio o la acción de Dios” y el elemento subjetivo, es decir: “La actitud del hombre o recta disposición del alma”. Ambas formas de culto están profundamente unidas entre sí, aunque en la praxis, estén separadas.
Es necesario conocer y saber distinguir entre la liturgia y las devociones como dos formas de culto. La primera es el culto público-oficial, entra en el campo de lo obligatorio. En cambio, la segunda forma de culto es privado y goza siempre de mayor autonomía y espontaneidad. En ambos se deben reconocer el elemento objetivo: “El misterio o la acción de Dios” y el elemento subjetivo, es decir: “La actitud del hombre o recta disposición del alma”. Ambas formas de culto están profundamente unidas entre sí, aunque en la praxis, estén separadas.
En el transcurso de la historia del cristianismo, siempre han existido al lado de las acciones litúrgicas, devociones privadas y ejercicios piadosos.
Vemos ya, claramente, en las primeras comunidades cristianas que están fuertemente marcadas por la oración persona y la participación en las asambleas litúrgicas. Las manifestaciones personales tenían su término, comúnmente, en la celebración eucarística dominical. De esta manera, la liturgia dominical encontraba prolongación en la plegaria individual y al reverso.
Posteriormente, se van dando forma las prácticas devocionales. A partir del siglo V empiezan a florecer: el culto a los mártires, la dedicación de tempos a la Madre de Dios, recuerdos determinados sobre la pasión de Cristo.
Vemos ya, claramente, en las primeras comunidades cristianas que están fuertemente marcadas por la oración persona y la participación en las asambleas litúrgicas. Las manifestaciones personales tenían su término, comúnmente, en la celebración eucarística dominical. De esta manera, la liturgia dominical encontraba prolongación en la plegaria individual y al reverso.
Posteriormente, se van dando forma las prácticas devocionales. A partir del siglo V empiezan a florecer: el culto a los mártires, la dedicación de tempos a la Madre de Dios, recuerdos determinados sobre la pasión de Cristo.
Hasta el siglo XIV no se produjo ningún dualismo entre ambas formas de culto. La lengua latina fue la que mantuvo la unidad entre ambas. Sin embargo, a partir de este siglo, empiezan a surgir las lenguas llamadas romances o germánicas. Este acontecimiento dividió, decididamente, a ambas formas de piedad. La liturgia aquí aparece como tarea exclusiva de clérigos y monjes.
La situación se salvó gracias a las órdenes mendicantes que lograron en gran medida una cristianización del mundo popular. Surgieron devociones como: la devoción del niño Jesús, la contemplación de la pasión, la mística de los estigmas, también el rezo del rosario. La virgen María es vista como abogada autora de favores y los santos son venerados como patronos e intercesores de bienes de todo tipo. Estas devociones nacieron y se desarrollaron como consecuencia de la pérdida de valor y de eficacia de la liturgia en la vida espiritual. Por eso, durante la historia de la Iglesia, se suscitaron diferentes polémicas sobre las devociones y la liturgia. Pero que la Iglesia ha sabido conducir con sabiduría y espíritu a ambas formas de culto. Se puede decir que: “El dualismo cultual es un hecho en la vida de la Iglesia y su legitimidad viene avalada por el mismo curso de la historia del culto cristiano. Es preciso estar atentos, sobre todo a la acción del Espíritu, que sopla donde quiere (Cf. Jn 3, 8)
La situación se salvó gracias a las órdenes mendicantes que lograron en gran medida una cristianización del mundo popular. Surgieron devociones como: la devoción del niño Jesús, la contemplación de la pasión, la mística de los estigmas, también el rezo del rosario. La virgen María es vista como abogada autora de favores y los santos son venerados como patronos e intercesores de bienes de todo tipo. Estas devociones nacieron y se desarrollaron como consecuencia de la pérdida de valor y de eficacia de la liturgia en la vida espiritual. Por eso, durante la historia de la Iglesia, se suscitaron diferentes polémicas sobre las devociones y la liturgia. Pero que la Iglesia ha sabido conducir con sabiduría y espíritu a ambas formas de culto. Se puede decir que: “El dualismo cultual es un hecho en la vida de la Iglesia y su legitimidad viene avalada por el mismo curso de la historia del culto cristiano. Es preciso estar atentos, sobre todo a la acción del Espíritu, que sopla donde quiere (Cf. Jn 3, 8)
La Constitución Sacrosantum Concilium (SC), del Vaticano II, se ocupa en dos números de estos ejercicios de piedad. Además de algunas alusiones en otros lugares del mismo. Introduce elementos nuevos de enfoque y comprensión entre liturgia y devociones. Señala que: “los ejercicios de piedad, aunque distintos de las acciones litúrgicas, tienen idéntica finalidad santificadora de toda la existencia de los creyentes”. Los ejercicios de piedad aparecen como prolongación de las celebraciones en cuanto a las actitudes de fe, alabanza, súplica, etc.
La enseñanza del Concilio, en concreto, sobre liturgia y devociones se resume en los siguientes puntos:
1. Reconocimiento de la variedad y legitimidad de las formas religiosas de acuerdo con las peculiaridades de cada pueblo. (Cf. SC 37 y 38; GS 53 y 58; AG 10).
2. Reconocimiento de valor de las formas devocionales.
El Concilio Vaticano II consciente de que la liturgia, aunque es culminación y fuente (Cf. SC 10) no agota toda la actividad de la Iglesia (Cf. SC: 9 y 12). Por eso se recomienda encarecidamente los ejercicios de piedad del pueblo cristiano (Cf. SC 13).
3. Centralidad del misterio de Cristo en la espiritualidad cristiana. (Cf. LG 10; SC 2 y 10).
4. Los ejercicios de piedad deben guardar estrecha relación con la liturgia. (Cf. SC 11, 12, 13).
En la práctica, la relación entre la liturgia y los ejercicios de piedad requiero que estos se organicen teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos, de modo que vayan de acuerdo con la sagrada liturgia, en cierto modo deriven de ella.
La Constitución SC no menciona ninguna práctica piadosa en concreto. Sin embargo otros documentos conciliares mencionan varios medios para fomentar la vida espiritual: PO 18; OT 8; PC 6; AA 4 y, sobre todo LG 10 y 11)
La Constitución SC no menciona ninguna práctica piadosa en concreto. Sin embargo otros documentos conciliares mencionan varios medios para fomentar la vida espiritual: PO 18; OT 8; PC 6; AA 4 y, sobre todo LG 10 y 11)
Además, después de haber visto rápidamente la Constitución SC respecto a la liturgia y a las devociones, veremos escuetamente algunos puntos que señala el documento del magisterio: “Marialis Cultus” (MC), que está en línea a orientar específicamente entre liturgia y devociones.
El Papa Pablo VI señala cuatro características teológicas, que son inherentes a todo acto cultual, sea o no litúrgico. Son las siguientes:
1. Nota Trinitaria.
Toda forma de culto o devoción debe confluir en Cristo, se centre en su persona y, por medio de él, termine en le Padre bajo la acción del Espíritu Santo (Cf. Cl 1, 15-20).
2. Nota Cristológica. En la piedad mariana hay una íntima conexión de la virgen María con Cristo.
También en las otras devociones deben poseer necesariamente esta nota cristológica, es decir, deben nacer y desembocar en Cristo.
3. Nota Pneumatológica.
Se trata de destacar la acción santificadora y vivificante del Espíritu Santo.
4. Nota Eclesiológica.
Centrémonos solo en la piedad mariana del rosario. Aquí apunta al puesto y al papel que tiene María respecto de la Comunidad cristiana “el más alto y ala vez el más próximo después de Cristo” (Cf. LG 54). De aquí se derivan unas relaciones de amor, intercesión y de comunión entre la Iglesia y la que es su imagen escatológica (Cf. 59 y 63)
La MC, además de estas cuatro características de todo acto cultual, expone algunas orientaciones a tener presente a la ora de revisar o crear ejercicios y prácticas de piedad (MC 29). Son las siguientes: 1. Orientación Bíblica. Toda forma de culto ha de llevar el sello de la inspiración en la Biblia como base de la espiritualidad cristiana (Cf. DV 25; SC 24; 35). 2. Orientación litúrgica. Significa llevar a la práctica de manera armoniosa la liturgia y los ejercicios de piedad. (SC 13), sin suprimir éstos en nombre de la liturgia. Una clara acción pastoral debe distinguir y subrayar la naturaleza propia de los actos litúrgicos y valorar los ejercicios piadosos para adaptarlos a las necesidades de cada comunidad eclesial y hacerlos auxiliares válidos de la liturgia (MC 31).
Orientación ecuménica.
Supone contemplar la contribución que la piedad mariana puede prestar al camino del ecumenismo. Esta piedad debe favorece verdaderamente a la causa de la unidad.
Después de haber descrito someramente algunas características y orientaciones, que nos han permitido entender la liturgia y las devociones que son fuente para el crecimiento de la vida espiritual del cristiano. Y Habiendo visto el proceso de las devociones en la historia y lo que señalan algunos documentos de la Iglesia, se puede afirmar: los ejercicios de piedad, ya celebrados comunitariamente o individualmente, celebran el misterio de Cristo, de María y de los santos generalmente con fórmulas bíblicas o litúrgicas.
Después de haber descrito someramente algunas características y orientaciones, que nos han permitido entender la liturgia y las devociones que son fuente para el crecimiento de la vida espiritual del cristiano. Y Habiendo visto el proceso de las devociones en la historia y lo que señalan algunos documentos de la Iglesia, se puede afirmar: los ejercicios de piedad, ya celebrados comunitariamente o individualmente, celebran el misterio de Cristo, de María y de los santos generalmente con fórmulas bíblicas o litúrgicas.
Entre los ejercicios de piedad deben enumerarse sin duda: el vía crucis, la oración del ángelus, las letanías a la Virgen, el santo rosario, también otras oraciones devocionales y ejercicios en honor a la pasión de Cristo y a los santos. También el santísimo sacramento fuera de la misa, aunque tiene un especial estatuto litúrgico y un ritual promulgado durante la reforma litúrgica posconciliar, que hacen que este culto, no sea equiparado a un ejercicio de piedad cuando se realizan según las normas contenidas en tal libro litúrgico.
Para concluir: el pequeño folleto de prácticas de piedad está dividido en cuatro capítulos. La primera parte está conformada por las oraciones que todo cristiano debe tener presente. La segunda parte se ha centrado, concretamente, en algunas devociones sobre la Pasión de Cristo. La tercera parte está dedicado a las devociones a la virgen María. Y por último, frases de san Pablo de la cruz y jaculatorias que permitan estar y ser en la presencia del Señor.
El folleto se presenta como un material útil, como guía, que ayudará a vivir más profundamente la obra más admirable del amor divino, que es la Pasión de Cristo. Y asimilar en la propia vida el amor y la misericordia de Dios para con sus hijos y así luego poder irradiarla a los demás.
Que la Pasión de Cristo sea la energía de la gracia salvadora que llene nuestra vida y que el espíritu de nuestro padre San Pablo de la Cruz nos ilumine y conduzca siempre a meditar y contemplar a Cristo Crucificado.
Que la Pasión de Cristo sea la energía de la gracia salvadora que llene nuestra vida y que el espíritu de nuestro padre San Pablo de la Cruz nos ilumine y conduzca siempre a meditar y contemplar a Cristo Crucificado.
Cf. De Sacra Communione et de cultu mysterii eucharistici extra missam, Roma 1973. Ed. Castellana: Ritual de la Sagrada Comunión y del culto a la eucaristia fuera de la misa, Madrid 1974.

1 comentarios:
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